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Pirotecnia vs. Mascotas: ¿Qué pasa realmente en tus mascotas con los cohetes?

Lo que para muchos es fiesta, para nuestros amigos de cuatro patitas es una pesadilla. La pirotecnia no solo asusta, sino que puede dejar secuelas físicas y emocionales en ellos.

Seamos honestos, a ti los fuegos artificiales te parecen bonitos, pero para tu perro o tu gato es como tener un motor de avión explotando en la sala. Su oído es mucho más sensible que el nuestro y los estruendos de la pirotecnia, que alcanzan niveles altísimos de ruido, no solo son molestos,  pueden ser dolorosos y traumáticos.

Mientras tú miras luces de colores, ellos escuchan caos puro. Y no, no es exageración ni “animal dramático”, es una respuesta biológica al miedo y la confusión que sienten los animales al no poder predecir ni entender esos ruidos repentinos y fuertes.

¿Solo estrés? No, también puede haber daño físico

Cuando suenan los cohetes, las reacciones más comunes en mascotas incluyen:
• Temblar, esconderse o intentar huir.
• Dejar de comer, ladrar o maullar sin parar.
• Romper cosas o lastimarse intentando escapar.

Esto pasa porque no entienden qué está ocurriendo ni pueden predecirlo. Para ellos, el ruido aparece de la nada, es fuerte, duele y no saben cuándo va a terminar. Su cuerpo entra en modo alerta máxima.

Del estrés al trauma con un impacto a largo plazo

Aquí viene la parte menos conocida y más seria. La pirotecnia no solo asusta, también puede provocar:
• Daño auditivo: desde zumbidos constantes hasta pérdida de audición permanente.
• Problemas respiratorios: los residuos químicos de los fuegos artificiales liberan partículas que irritan las vías respiratorias, sobre todo en animales pequeños.
• Accidentes graves: en su intento por escapar, muchas mascotas se golpean, saltan bardas, se cortan o incluso terminan atropelladas.

Y sí, también pasa que se pierden. En eventos con ruidos intensos, como fuegos artificiales o tormentas, la cantidad de mascotas extraviadas se eleva porque huyen del miedo sin rumbo.

¿Y qué viene después?

El problema no acaba cuando se apaga el último cohete. La exposición repetida a estos ruidos puede generar fobias duraderas. Hay perros y gatos que después de una noche de pirotecnia entran en pánico con cualquier sonido fuerte, como una moto, una puerta que se azota o una tormenta.

Veterinarios y especialistas en bienestar animal comparan este impacto con algo muy parecido al estrés postraumático. Algunas mascotas tardan días o incluso semanas en volver a sentirse seguras dentro de su propia casa.

Al final, no se trata de arruinarle la fiesta a nadie, sino de entender que lo que para nosotros es celebración, para ellos puede ser un infierno. Buscar alternativas más responsables, como pirotecnia silenciosa, zonas alejadas de animales o simplemente decirle no a los cohetes, puede marcar una diferencia enorme en la vida de quienes no pueden taparse los oídos ni entender qué está pasando. Que el Año Nuevo sea feliz para ti… y también para tu michi y tu peludo.

Foto: Generada con IA

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