¿Aún no sabes qué ritual hacer para este Fin de Año? Tranquilo, aquí te dejamos algunas ideas

Cada fin de año, México lo hace: no confía del todo en la suerte, pero tampoco la deja sola. Así que por si acaso, mejor un ritual… o tres o cuatro.
Antes de que suenen las doce, mientras las uvas están contadas y el brindis sigue en pausa, millones de personas ya están mentalmente organizadas en qué comer, qué ponerse, qué barrer y hacia dónde correr. No sabemos si los rituales funcionan, pero no hacerlos se siente como ignorar un mensaje importante del destino. Y nadie quiere empezar el año así.
Dinero, amor y otras prioridades espirituales
Las lentejas, por ejemplo, viven su momento de gloria. Pasan de ser un alimento ignorado a convertirse en símbolo oficial de abundancia. Hay quien se las come, quien las regala y quien guarda un puñito en la bolsa esperando que el dinero fluya… aunque lo único que fluya sea una mancha sospechosa en el pantalón. ¿Funciona? No sabemos. ¿Se hace? Sin falta.
Y luego está la ropa interior de colores, porque el universo necesita instrucciones claras. Rojo para el amor, amarillo para el dinero, blanco para la paz, verde para la salud. Nuevos, regalados y decentes. Porque pedirle algo serio al destino usando ropa interior vieja ya es pasarse de confiado.
Deseos express y promesas
Las doce uvas son el ritual estrella y el más optimista del calendario. Una uva, un deseo, todo en menos de un minuto y con la boca llena. No importa que los deseos sean ambiciosos: viajar más, ahorrar, enamorarse, comer sano y dejar malos hábitos. A las doce todos creemos que sí se puede… aunque al minuto siguiente estemos buscando el recalentado.
Para los románticos de fe ciega existe el ritual debajo de la mesa. A medianoche, te agachas y esperas que el amor llegue. No es elegante, no es cómodo y puede levantar cejas ajenas, pero dicen que funciona. Y a estas alturas, la dignidad ya se puede negociar, ¿no crees?
Limpieza espiritual y viajar primero
Barrer la casa es otro clásico. No se barre polvo, se barre el año viejo, las malas vibras, los problemas y, si se puede, algún drama pendiente. Siempre hacia afuera, porque nadie quiere regresar lo que ya se fue.
Y finalmente, la maleta. Colocarla junto a la puerta y salir corriendo con ella a medianoche es una declaración de intenciones poderosa. No importa si no hay vacaciones aprobadas, ni dinero, ni fechas. El mensaje es claro: “yo ya estoy listo, universo, tú ve viendo cómo”.
¿Funcionan los rituales? Nadie puede asegurarlo. ¿Los hacemos? Por supuesto. Porque esta noche México comerá lentejas, barrerá energías, correrá con maletas y revisará ropa interior como si fuera trámite oficial. Y aunque nada cambie de inmediato, empezar el año creyendo que algo bueno puede pasar ya es un buen comienzo.




