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¿Una espía rusa en Querétaro? Dato curioso que quizá no conocías

La intrincada red del espionaje global a menudo teje sus hilos en los lugares más inesperados. Y México, por su ubicación estratégica y sus lazos internacionales, no es ajeno a este tipo de operaciones. Una revelación sobre el intercambio de prisioneros entre Rusia y Occidente evidenció desde el año pasado cómo una de las espías más notorias de Moscú, Anna Dultseva, creó parte de su identidad encubierta en territorio mexicano, específicamente en Querétaro.

Artem Dultsev y Anna Dultseva, operaban bajo las identidades de “Ludwig Gisch” y “María Rosa Mayer Muñoz”, aparentemente eran un empresario argentino de alta tecnología y una comerciante de arte, un matrimonio con una vida que parecía normal, pero detrás de esa fachada se escondían años de meticulosa preparación y una gran lealtad a los servicios de inteligencia rusos. Incluso sus hijos desconocían que en realidad eran originarios de ese país y no de Argentina.

La Ruta Silenciosa desde Querétaro

Lo verdaderamente notable, y un detalle que añade un matiz intrigante a esta historia, es que fue en Querétaro, en junio de 2012, donde Anna Dultseva obtuvo un acta de nacimiento original. En este documento cimentó su identidad ficticia; se presentó como hija de un padre austriaco y una madre mexicana. Obtuvo una CURP, un RFC y una credencial de elector, elementos esenciales para construir su “leyenda” y operar sin levantar sospechas en América Latina, antes de establecerse finalmente en Eslovenia. Si bien no hay indicios de que su residencia principal haya sido esta entidad mexicana, el hecho de que el aparato de inteligencia ruso utilizara a Querétaro es un dato digno de mención y un recordatorio de que los tentáculos del espionaje pueden extenderse a cualquier rincón del mundo.

La Labor Silenciosa de los espías

Pero, ¿en qué consistía exactamente la labor de espías como los Dultsev? Su principal función era ser agentes “durmientes”. Esto significa que se integran por completo en la sociedad de su país de destino, adoptando identidades y vidas falsas, a veces durante años, sin realizar operaciones activas de espionaje. Su misión es la de estar preparados para ser “activados” en cualquier momento, cuando Moscú los considere necesarios para una tarea específica.

En el caso de los Dultsev, una vez activados, fueron: enlaces para transmitir órdenes, transportaron dinero, recolectaron inteligencia, etc. Anna Dultseva fue una de las prisioneras intercambiadas entre Rusia y Eslovenia, lugar en el que la pareja fue apresada y en el que ella y su pareja se hacían pasar por una familia de origen argentino.

Los Dultsev, ahora condecorados con la “Orden del Coraje” en su país natal, representan un eslabón vital en la cadena de la inteligencia rusa. Su historia, que incluye un peculiar desvío por Querétaro, es un recordatorio de que, en el ajedrez geopolítico, cada pieza, por discreta que parezca, tiene un papel que jugar.

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