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El paciente es la mascota, pero la crisis es del dueño: Veterinarios en riesgo

La escena se repite en cientos de clínicas: un médico veterinario entrega su conocimiento, tiempo y empatía para estabilizar a un paciente. Diez horas de monitoreo, diagnóstico preciso y tratamiento. Sin embargo, al salir, la narrativa del cliente es otra. En el tribunal de las redes sociales, esas diez horas se transforman en “días de negligencia”. ¿Cómo es posible que la realidad se distorsione tanto? Noticia, la respuesta no está únicamente en el expediente clínico, también está en la neuroquímica del estrés.

Los veterinarios enfrentan una realidad evitente, sus pacientes no hablan, pero comunican sus síntomas de alguna forma, sin embargo, quienes sí hablan son sus dueños que, muchas veces están “intoxicados” ya saben de qué, ¡claro!, de cortisol.

La distorsión de la amígdala

Cuando una mascota enferma, el dueño entra en un estado de supervivencia. El cortisol y la adrenalina inundan su sistema, activando la amígdala y “apagando” la corteza prefrontal, esa zona importante que se encarga nada más de la lógica y de la memoria lineal. Para un dueño en pánico, el tiempo no es cronológico, es emocional. Esta es la razón por la cual las crisis de reputación en este sector suelen ser tan violentas y cargadas de datos impresisos, que pueden caer en la falsedad: pero sabemos también que el agresor no siempre miente con intención, a veces, su cerebro realmente ha fabricado una narrativa que justifica su angustia y eso hay que tomarlo en cuenta.

El gremio en riesgo

Esta carga no es gratuita. En México, los veterinarios enfrentan tasas de suicidio y burnout significativamente más altas que otros profesionales. Se les exige ser científicos, cirujanos y, además, una especie de pararrayos emocionales de clientes que descargan en ellos su frustración, culpa y duelo desautorizado. Y que sea normal no quiere decir para nada que esté bien o que no tenga consecuencias para el profesional de la salud, porque el problema es que el médico, movido por su vocación, suele responder con una “hiper-empatía” que termina por erosionar su propia salud mental.

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De la reacción a la comunicación orgánica

La solución no es simplemente “atender mejor”, porque no se puede razonar con un cerebro secuestrado por el miedo. La solución radica en la Comunicación Orgánica. Las clínicas necesitan transitar hacia un modelo de “Blindaje Neuro-emocional” donde se aprenda a:

  1. Identificar el estado químico del cliente: Detectar señales de alerta antes de que el estrés se convierta en agresión.
  2. Establecer protocolos de descompresión: Espacios donde el equipo pueda “descargar” la emoción del día para que el trauma no se ancle en el cuerpo y siempre buscar la terapia psicológica como parte de la canasta básica.
  3. Gestionar la reputación con precisión quirúrgica: Responder a la difamación no desde la defensa herida, sino desde la transparencia de los datos y la calma estratégica.

Cuidar a quienes cuidan a nuestras mascotas es una urgencia social. Debemos dejar de ver las crisis en redes sociales como simples ataques a la imagen y empezar a verlas como síntomas de un ecosistema emocional enfermo. Al final del día, la verdadera salud de una clínica veterinaria y de cualquier profesional de la salud, no se mide solo en vidas salvadas, sino en la integridad emocional de quien sostiene el bisturí. La ciencia cura al paciente, pero la comunicación sana al sistema.

Ana Karen Santana

| Especialista en Comportamiento Humano y Comunicación Estratégica. Rediseño culturas laborales desde la biología y la comunicación. Integro el estudio de la microbiota y el comportamiento para entender qué mueve realmente a tu equipo. Si buscas resultados diferentes a los protocolos tradicionales, hablemos de mi metodología I.R.I.S. ✉️ estoscomunicacion@gmail.com | Esto es Comunicación

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