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El hambre tiene garras: Tu estrategia de servicio al cliente falla en el estómago de tus empleados

Porque un cerebro con hambre no tiene clientes, solo tiene enemigos.

Imagina que inviertes una gran cantidad de dinero en el diseño de interiores de tu negocio, pusiste esmero en seleccionar el mejor producto y capacitas a tu equipo humano de trabajo con los protocolos más estrictos de cortesía. Sin embargo, un día cualquiera un empleado, por cierto el que está en le muro como uno de los empleados del mes, estalla contra un cliente por una nimiedad… destruyendo años de reputación en un segundo.

¿Fue entonces un error de actitud? ¿Se trata de ausencia en los valores? Probablemente no. Lo que viste fue un secuestro biológico.

El mito de la “buena cara” bajo estrés metabólico

En el mundo del Desarrollo Organizacional, solemos tratar la atención al cliente como una habilidad puramente psicológica o conductual. Pero la neurociencia nos dicta una realidad más cruda: la amabilidad es un lujo metabólico, así es señores y señoras que leen esto con tanto interés, todo está relacionado con que tu cuerpo hace mucho por mantener un “deber ser” social que inicia desde lo biológico.

Cuando un colaborador opera con un déficit nutricional (exceso de harinas, picos de glucosa, deshidratación y falta de proteína), su cerebro entra en “modo supervivencia”. En este estado, la corteza prefrontal —la zona encargada del razonamiento, la empatía y el control de impulsos— se apaga para cederle el control a la amígdala, nuestra central de alarmas.

Un empleado con hambre no está pensando en la “misión y visión” de la empresa, eso se vuelve lo último en la lista de prioridades; su sistema nervioso está detectando amenazas. Un cliente exigente ya no es una oportunidad de servicio, es un depredador que le quita energía.

A través del tiempo hemos detectado que haciendo un proceso de inventario, regulación, intencionalidad y significación, se hace presente el tema biológico. Si el cuerpo no tiene nutrientes eficientes, no hay material prima para la paciencia Sin una pausa para comer sentados y con dignidad, el cortisol se dispara, anulando cualquier capacitación en inteligencia emociona. La intención de servir se convierte en la intención de sobrevivir al turno. El empleado termina odiando su entorno porque su cerebro asocia el trabajo con el dolor físico y carencia. Y, todo eso queridos y queridas, es caldo de cultivo para una crisis que impacta por todos lados de forma radial.

El costo de la “proteína barata”

Muchas empresas ven la alimentación y el bienestar físico de su staff como un gasto operativo que debe minimizarse. Es un error de cálculo fatal. Es más barato proveer una dieta balanceada y tiempos de descanso dignos, que enfrentar la pérdida de clientes, la rotación de personal o las crisis de relaciones públicas derivadas de un estallido agresivo.

Dignidad biológica como estrategia de negocio

Si eres líder de una organización, antes de revisar tus KPIs de ventas, revisa el plato de tu equipo. El servicio al cliente no empieza en la sonrisa del empleado, sino en su microbioma y su estabilidad glucémica.

La próxima vez que veas a un equipo irritable, no les pidas “más compromiso”. Revisa su inventario biológico. La verdadera transformación organizacional no ocurre en los manuales, sino en la intersección entre la biología humana y el respeto por las necesidades básicas.

Porque un cerebro con hambre no tiene clientes, solo tiene enemigos.

Ana Karen Santana

| Especialista en Comportamiento Humano y Comunicación Estratégica. Rediseño culturas laborales desde la biología y la comunicación. Integro el estudio de la microbiota y el comportamiento para entender qué mueve realmente a tu equipo. Si buscas resultados diferentes a los protocolos tradicionales, hablemos de mi metodología I.R.I.S. ✉️ estoscomunicacion@gmail.com | Esto es Comunicación

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